Tendría que sacrificar parte de mi vida si tuviera que escoger sólo un rasgo tuyo. Porque cada poro de tu piel me aporta magia, y jamás podré renunciar a eso. Ni al amor que me das cuando respiramos el mismo aire, ni el olor de tu pelo cuando nos fundimos en un abrazo. Nunca he sabido qué es la amistad pero ojalá se parezca a lo que tú y yo tenemos. Supongo que todos dependemos de unos ojos para seguir adelante, para poder verte reflejado dentro y ver que tienes aún mucho camino por andar. Gracias por dejarme tus pies para caminar cuando yo no he podido más, y por irme apartando piedras para no tropezar. Yo sería lo que tú me pidieras. Pasaría por una cuerda a quinientos metros de altura a la pata coja sólo por verte sonreír. O me iría a la misma guerra para luchar por ti. O cerraría los ojos eternamente, cogería tu mano y te seguiría allá donde me llevaras. Porque jamás podré dudar de ti y siempre serás mi eterna ciega fe. Ojalá pudiera llorar yo todas tus lágrimas para que nada te hiciera daño y ojalá pueda curarte todas las heridas. Porque tú eres la aguja que mejor cose las mías. Contigo no hay cicatrices. Eres la esperanza de mi vida. Y veré mi futuro contigo igual que he visto mi pasado. Y cantaremos hasta dejarnos la voz porque no necesito chillar si tengo tus susurros. Eres la esperanza a todo lo desencaminado y la esperanza a las pesadillas, porque ojalá todos los amaneceres empezaran contigo. Estoy enamorada de ti. De tu manera de querer y de entenderme, de soñar por las dos, de hablar, de pensar y de vivir. Porque qué aburrida sería la vida sin ti, amor. Qué vacía y desesperada parecería buscando a mi alma gemela. Gracias por aparecer y ahorrarme la búsqueda. No te voy a soltar nunca.
Nadia es el diminutivo de Nadyezhda, que significa esperanza.
jueves, 3 de abril de 2014
Caen como lágrimas la lluvia sobre mí
La lluvia me hace pensar en ti. El sonido de las gotas de agua cayendo sobre el paraguas me recuerdan al ruido que hicieron nuestros corazones al romperse. Nunca supimos reconstruirnos, igual que tampoco pudimos hacer ver que nada pasaba. Sólo nos quedó fingir sobre ese efímero amor que tanto prometimos mantener con el paso de los años. Pero lo único que supimos guardar fueron las sonrisas rotas, nuestras manos distanciadas y los besos de despedida. Me acostumbré a decirte adiós porque te amaba demasiado para mantenerte infeliz a mi lado. Y me sabía a rutina gritarnos en silencio y mirarnos entre dientes. Supongo que fallamos en tantas cosas que ya no recordamos las que hicimos bien. A veces siento tus yemas en mi cuello y tu brazo rodeándome el pecho mientras, igual por falta de otros labios, te oigo susurrar que acariciar mi cuerpo desnudo es como conocer qué es el cielo. Y me dejaste caer desde lo más alto pero nunca llegué a tocar el suelo, igual porque sigo flotando cuando te veo caminar hacia mí. La de veces que nuestras miradas se cruzaron y se encontraron con ojos que creían no conocer. Hemos cambiado nuestro alma, por eso ya no nos somos familiares. A veces creo no saber quién eres pero no me sorprende porque ni yo misma sé quién soy. Eras parte de mi identidad, la mitad de mi huella dactilar, la mitad de mis vivencias. Cuando te fuiste lloré más por lo que me estabas robando que no por el hecho de marcharte. Ojalá mis piernas hubiesen reaccionado cuando te vi desaparecer, pero sólo pude inundarme por dentro, como la lluvia que hoy paraliza las calles. Me ahogué por dentro. Ya no tenía ni tu respiración ni la mía porque te llevaste todo el oxígeno de mi alrededor. Y la luna dejó de brillar, y las olas de humedecer la arena, y mi corazón de latir, y mis manos de temblar. Aún a veces siento todo lo que sentí en ese momento y me pregunto si estarás pensando en mí, o si estarás sonriendo a otra sonrisa. O si tus labios estarán en otro abdomen. O si soñarás mis sueños en otros inconscientes. Nunca tendrás respuestas suficientes a todas mis inquietudes. ¿Cómo las vas a tener si ni sabías reaccionar delante de un te quiero?
miércoles, 2 de abril de 2014
Años esperando trenes
Nunca supe quedarme, ni hacer poesías de esas que no duelen. Nunca supe hacer que algo durase para siempre, ni siquiera lo suficiente. Soy como ese otoño que lo seca todo, y que empieza a hacer frío. Ese final con mirada triste. La salida de emergencia que no lleva a ninguna parte. Y tan lejos, a estas alturas, miro hacia atrás y es como mirar hacia abajo. Nadie me salva del vértigo que me entra cuando me veo, porque yo soy otro precipicio más. Otro de esos barrancos donde no se puede edificar por factores que ahora no explicaré. Y me falta una mano en mi mano, y unos labios en mi boca, alguna pieza en el puzzle, porque sino nada de esto tiene sentido. Sino me quedaré a fumar un poco más, hasta que se haga de noche y me entre el sueño, y sueñe con que un día no tenga que soñarlo todo. Un día en el que tú no seas sólo tú, sino también un nombre. Querría acabar algún año diciendo que ese fue el mejor de mi vida, y no terminar el año creyendo haber muerto más que nunca. Porque sí, porque también se puede saber morir mejor que decir “te quiero”. Porque también se puede ser menos y silencio más. Búsqueda avanzada sin resultados. Experta en no cambiar las cosas, o en cambiar yo pero sin que sirva de nada. Podría correr, volver o quedarme. Podría llegar o irme, llorar o romper ventanas. Contarte el insomnio, recitarte la angustia. Podría, pero dejémoslo en que se me ha dormido la esperanza. Y duele, veréis. No podría caminar sin tener la sensación de que me estoy dejando atrás, porque no sé cuándo pero me quedé por el camino. Y voy con los ojos cerrados, como en mitad de un beso que no se da porque la distancia que me separa de mí no se termina. The times they are a-changing, y ojalá alguien recuerde que nosotros estamos esperando un tren.
the blower's daughter
La mejor manera de esconder tu corazón roto es hacer creer a todo el mundo que no tienes corazón. Y si te hieren, coger una aguja y empezar a coser sin anestesia, para que duela más. Porque en el fondo nos encanta el dolor. No quiero encontrar a alguien que me haga feliz, sólo quiero a alguien que encuentre interesantes mis cicatrices, aquellas que a la mínima se abren y han de volver a empezar todo el proceso. Alguien que no entienda mis lágrimas cada noche pero aún así tenga fuerzas para secármelas día sí día también. Alguien que acepte que siempre tengo frío y que siempre necesito abrazos. Alguien que salude con un beso a mis miedos, que sonría a mis escalofríos, alguien que comprenda que no puedo estar más de una hora sonriendo sin sentirme gilipollas luego por engañar a quien me rodea. Alguien que pueda entender que la música va por delante de él, va por delante de todo. Alguien a quien no le importe ver como me voy apagando poco a poco pero que siga intentando encenderme. Quiero a alguien a quien poder cantar and so it is, just like you said it should be y me responda con un we’ll both forget the breeze most of the time.
Que no me hagan sonreír, pero por favor, que alguien me ayude a reconstruirme.
Eres el error más bonito que jamás he cometido.
La causa que he encontrado más perdida.
La consecuencia más provocada.
La mentira mejor creída.
Eres el viaje mejor improvisado.
La sonrisa más triste.
Las lágrimas más felices.
La historia mejor no contada.
Eres el momento menos oportuno.
El final del mejor principio.
El acantilado con menos precipicio.
El futuro más querido carente de sentido.
Eres el tú mejor pronunciado.
Somos el nosotros menos esperado.
Y yo soy la idiota que lo ha estropeado.
Dark white
Sabes que algo va mal cuando la mejor compañía es un cigarro, cuando los únicos besos que recibes son lágrimas, cuando sólo te entiende una canción. Me gustaría andar media vida con mi propia banda sonora. Y llorar. Que el ritmo de la tristeza lo marquen mis pasos. Estar llorando la mitad de mis días y no volver a hacerlo más. Porque sí, llorar va bien, pero cuando es necesario. Nadie se acuerda de las flores cuando hace frío. Y a veces creo que igual que nadie se acuerda de ellas, nadie se acuerda de mí. La estabilidad que muchos me prometieron se cayó al suelo junto con la balanza que equilibraba mi felicidad y mi pena. Mis ojos son túneles que llevan a la amargura, mi sonrisa no recuerda a qué sabe el viento, hace tanto tiempo que no se ven. Y todo es negro. Incluso la melena rubia de anónimo, incluso el arcoiris, incluso el color de mis labios. Negro como el café que no se llegó nunca a cortar, negro como el vodka que me cura las heridas, negro como el discurso de ánimo que muchos me intentaron dar. Negro como las canciones alegres, negro como la profundidad del mar azul, negro como un cielo que llora. Negro como mi destino, como mis miedos, como mi claridad.
Déjalo, déjame
Me duele saber que cada día piensas en mí y que yo a veces me olvido de tu nombre, que siempre estás ahí y yo no estoy de tu lado, porque siempre he sido lo contrario a ti. Ya no me acuerdo de lo cansado que se me hacía subir tu litera, o lo que odiabas que te cogiera el mechero sin preguntarte. No tengo ni idea del nombre de tu calle, ni del número, supongo que era algo tan mecánico. No me acuerdo de lo nerviosa que me ponías cuando me tocabas el pelo. Recuerdo romperme un dedo en tu habitación. Pero sigo sin recordar tu comida favorita, tu color favorito. Por olvidar he olvidado hasta los meses que pasamos juntos, pero nunca borraré de mi mente nuestro día. Me he olvidado de todos los regalos que me hiciste, de los viajes que planificamos. Me he olvidado de Ibiza. Me olvidado de lo mal que cantabas, pero me acuerdo que me encantaba que lo hicieras. Me he olvidado que el inglés se te daba fatal, que odiabas madrugar pero que también levantarte tarde, he olvidado que mezclabas todo con marihuanna y redbull. He olvidado como mi lengua jugaba con tu pendiente, y como tus manos me apretaban hacia tu cuerpo cuando me decías que nunca me dejarías ir. Recuerdo que me dejaste ir. Sin embargo, no tengo ni idea de las veces que me esperabas delante de mi casa para darme una sorpresa, las veces que lo seguiste haciendo cuando ya no éramos, porque te seguía viendo (y sonriendo). Se me olvidó el miedo que me daba ir contigo en moto porque conducías fatal. Me olvidé de todo lo que hacías bien y sólo recuerdo lo que te salía a medias. Jamás recordaré tu emoción al darte todas esas cosas que ahora son parte de la historia. No recordaré tus ojos de gato, ni lo que te enervaba que llamara bebé. Olvidé tus celos y tu posesión, lo que nos hizo fallar.
O quizá no. Quizá quiera
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