Me duele saber que cada día piensas en mí y que yo a veces me olvido de tu nombre, que siempre estás ahí y yo no estoy de tu lado, porque siempre he sido lo contrario a ti. Ya no me acuerdo de lo cansado que se me hacía subir tu litera, o lo que odiabas que te cogiera el mechero sin preguntarte. No tengo ni idea del nombre de tu calle, ni del número, supongo que era algo tan mecánico. No me acuerdo de lo nerviosa que me ponías cuando me tocabas el pelo. Recuerdo romperme un dedo en tu habitación. Pero sigo sin recordar tu comida favorita, tu color favorito. Por olvidar he olvidado hasta los meses que pasamos juntos, pero nunca borraré de mi mente nuestro día. Me he olvidado de todos los regalos que me hiciste, de los viajes que planificamos. Me he olvidado de Ibiza. Me olvidado de lo mal que cantabas, pero me acuerdo que me encantaba que lo hicieras. Me he olvidado que el inglés se te daba fatal, que odiabas madrugar pero que también levantarte tarde, he olvidado que mezclabas todo con marihuanna y redbull. He olvidado como mi lengua jugaba con tu pendiente, y como tus manos me apretaban hacia tu cuerpo cuando me decías que nunca me dejarías ir. Recuerdo que me dejaste ir. Sin embargo, no tengo ni idea de las veces que me esperabas delante de mi casa para darme una sorpresa, las veces que lo seguiste haciendo cuando ya no éramos, porque te seguía viendo (y sonriendo). Se me olvidó el miedo que me daba ir contigo en moto porque conducías fatal. Me olvidé de todo lo que hacías bien y sólo recuerdo lo que te salía a medias. Jamás recordaré tu emoción al darte todas esas cosas que ahora son parte de la historia. No recordaré tus ojos de gato, ni lo que te enervaba que llamara bebé. Olvidé tus celos y tu posesión, lo que nos hizo fallar.
O quizá no. Quizá quiera
No hay comentarios:
Publicar un comentario