miércoles, 2 de abril de 2014

Años esperando trenes

Nunca supe quedarme, ni hacer poesías de esas que no duelen. Nunca supe hacer que algo durase para siempre, ni siquiera lo suficiente. Soy como ese otoño que lo seca todo, y que empieza a hacer frío. Ese final con mirada triste. La salida de emergencia que no lleva a ninguna parte. Y tan lejos, a estas alturas, miro hacia atrás y es como mirar hacia abajo. Nadie me salva del vértigo que me entra cuando me veo, porque yo soy otro precipicio más. Otro de esos barrancos donde no se puede edificar por factores que ahora no explicaré. Y me falta una mano en mi mano, y unos labios en mi boca, alguna pieza en el puzzle, porque sino nada de esto tiene sentido. Sino me quedaré a fumar un poco más, hasta que se haga de noche y me entre el sueño, y sueñe con que un día no tenga que soñarlo todo. Un día en el que tú no seas sólo tú, sino también un nombre. Querría acabar algún año diciendo que ese fue el mejor de mi vida, y no terminar el año creyendo haber muerto más que nunca. Porque sí, porque también se puede saber morir mejor que decir “te quiero”. Porque también se puede ser menos y silencio más. Búsqueda avanzada sin resultados. Experta en no cambiar las cosas, o en cambiar yo pero sin que sirva de nada. Podría correr, volver o quedarme. Podría llegar o irme, llorar o romper ventanas. Contarte el insomnio, recitarte la angustia. Podría, pero dejémoslo en que se me ha dormido la esperanza. Y duele, veréis. No podría caminar sin tener la sensación de que me estoy dejando atrás, porque no sé cuándo pero me quedé por el camino. Y voy con los ojos cerrados, como en mitad de un beso que no se da porque la distancia que me separa de mí no se termina. The times they are a-changing, y ojalá alguien recuerde que nosotros estamos esperando un tren.


No hay comentarios:

Publicar un comentario