Sabes que algo va mal cuando la mejor compañía es un cigarro, cuando los únicos besos que recibes son lágrimas, cuando sólo te entiende una canción. Me gustaría andar media vida con mi propia banda sonora. Y llorar. Que el ritmo de la tristeza lo marquen mis pasos. Estar llorando la mitad de mis días y no volver a hacerlo más. Porque sí, llorar va bien, pero cuando es necesario. Nadie se acuerda de las flores cuando hace frío. Y a veces creo que igual que nadie se acuerda de ellas, nadie se acuerda de mí. La estabilidad que muchos me prometieron se cayó al suelo junto con la balanza que equilibraba mi felicidad y mi pena. Mis ojos son túneles que llevan a la amargura, mi sonrisa no recuerda a qué sabe el viento, hace tanto tiempo que no se ven. Y todo es negro. Incluso la melena rubia de anónimo, incluso el arcoiris, incluso el color de mis labios. Negro como el café que no se llegó nunca a cortar, negro como el vodka que me cura las heridas, negro como el discurso de ánimo que muchos me intentaron dar. Negro como las canciones alegres, negro como la profundidad del mar azul, negro como un cielo que llora. Negro como mi destino, como mis miedos, como mi claridad.
miércoles, 2 de abril de 2014
Déjalo, déjame
Me duele saber que cada día piensas en mí y que yo a veces me olvido de tu nombre, que siempre estás ahí y yo no estoy de tu lado, porque siempre he sido lo contrario a ti. Ya no me acuerdo de lo cansado que se me hacía subir tu litera, o lo que odiabas que te cogiera el mechero sin preguntarte. No tengo ni idea del nombre de tu calle, ni del número, supongo que era algo tan mecánico. No me acuerdo de lo nerviosa que me ponías cuando me tocabas el pelo. Recuerdo romperme un dedo en tu habitación. Pero sigo sin recordar tu comida favorita, tu color favorito. Por olvidar he olvidado hasta los meses que pasamos juntos, pero nunca borraré de mi mente nuestro día. Me he olvidado de todos los regalos que me hiciste, de los viajes que planificamos. Me he olvidado de Ibiza. Me olvidado de lo mal que cantabas, pero me acuerdo que me encantaba que lo hicieras. Me he olvidado que el inglés se te daba fatal, que odiabas madrugar pero que también levantarte tarde, he olvidado que mezclabas todo con marihuanna y redbull. He olvidado como mi lengua jugaba con tu pendiente, y como tus manos me apretaban hacia tu cuerpo cuando me decías que nunca me dejarías ir. Recuerdo que me dejaste ir. Sin embargo, no tengo ni idea de las veces que me esperabas delante de mi casa para darme una sorpresa, las veces que lo seguiste haciendo cuando ya no éramos, porque te seguía viendo (y sonriendo). Se me olvidó el miedo que me daba ir contigo en moto porque conducías fatal. Me olvidé de todo lo que hacías bien y sólo recuerdo lo que te salía a medias. Jamás recordaré tu emoción al darte todas esas cosas que ahora son parte de la historia. No recordaré tus ojos de gato, ni lo que te enervaba que llamara bebé. Olvidé tus celos y tu posesión, lo que nos hizo fallar.
O quizá no. Quizá quiera
No sé si te quiero, pero sé que tu sonrisa me sirve para responder a casi cualquier pregunta. Y que las estaciones, el frío y el calor, e incluso que el sol brille o no sólo depende de si estás cerca. No creo que nadie lo entienda porque cuando hablo de ti digo más callándome. Porque cómo hablar de sensaciones que están escritas en otro idioma, en dos cuerpos, en mis manos tocándote, en mis ojos que se llenan cuando te miro. Les digo “ella lo es todo”, pero no saben lo horrible que es esa nada que llenas. Tengo que dejarme llevar, porque no creo que el amor sea un camino, sino un paisaje, y que quererte son las vistas. El viento soplando: tu boca contra la mía; y algún huracán de fondo: la pasión con la que te acerco a mí. Y cuando lloras: llueve, y yo bailo bajo la lluvia como diciéndote “aquí estoy, he venido a salvarte”. He venido para que dejes de buscar, ya me has encontrado. Abrázame, no creo que haya otra forma más bonita de saber que estamos juntos. Cuando cierras los ojos es como si abrieses el corazón, quizá por eso los besos.
Dijimos para siempre y ahora te digo hasta nunca
Hoy he pasado por delante de tu casa y no he sonreído, no me he detenido a mirar si estabas asomado a la ventana o si conseguía escucharte tocando la guitarra. No te he llamado para ver qué hacías o para decirte si me dejabas invitarte a un cigarro. Nos hemos consumido, como el pitillo que me he fumado sola, y hemos volado, como la ceniza que caía y era arrastrada por el viento. Juntos llegamos muy arriba, yo creía tocar las nubes contigo y me encantaba presumir de ti, de tu fuerza y tus ganas de salir adelante. Aún siento cuando estás mal sin que me lo digas, pero mis pies ya no andan más por ti, ya no puedo saber de ti. No recuerdo el color de tus ojos, ni como me sonreían, ni como olía tu pelo, ni tu grupo favorito. No quiero escuchar tu música, ya no me transmite nada. Ya no somos nada. Pasaste de ser la orilla de mi océano a la corriente marina que me hunde para abajo. ¿Dónde has estado cuando te he necesitado? ¿Y dónde he estado yo cuando me has necesitado tú? ¿Me has necesitado? Espero que sigas leyendo todo aquello que te escribí en su día, espero que recuerdes los te quieros, las caricias, los besos que nunca nos dimos. Recuérdame tú a mí porque yo no puedo. Tenía tu nombre tatuado en el alma y ha perdido toda la tinta. Tu recuerdo es una puta aguja que me martiriza. Déjame mirarte por última vez y memorizar cada poro de tu piel, tus pestañas, cada pelo de tu barba, cada mueca de tus labios. Déjame necesitarte, déjame soñar contigo. Déjame quererte, bailar encima de ti, déjame abrazarte. Déjame, antiguo amigo, reconocer tu andar cuando no puedo ver nada. Déjame cantar Snow. Déjame sentir algo.
Finales de principios inexistentes
Ed Sheeran de fondo. Como banda sonora de mi vida, más bien. A veces me gustaría saber que piensa la gente al escribir canciones tristes. Me gustaría saber si la gente piensa. A veces siento que yo pienso por todos. Que sufro por todos. Que lloro por todos. Que sólo me ilusiono por mí misma. Las ilusiones son unas putas. Que fácil es crearlas y lo que cuesta que se destruyan. Mi problema es que vivo lo que me invento, y adoro inventar. Me encanta vivir de te quieros fugaces que nunca llegaron y a veces, lloro de felicidad por haber encontrado a una persona a la cual no conozco (¿aún?). Me gusta ver la vida que quisiera tener por si me quedo ciega, por si mis miedos me arrancan los ojos. Tengo vértigo de soledad. Me da pánico mirarla a la cara. Me aterra la posibilidad de vivir con ella pero la tengo calada en los huesos. El frío no me corta la piel porque para los bloques de hielo no existe el frío. Tampoco nadie me toca para deshacerme. Ni el fuego interno de mis esperanzas sabe deshelar mi coraza. Mi mirada es la rigidez hecha lágrimas. Mis sueños son las páginas de un libro que nunca quise releer porque la primera vez me dolió. Se me han caído las alas, esos ángeles que tienes por risas me las han arrancado porque no me quieren volando cerca suyo. Pero tampoco sé volar. Soy la del alcohol en las venas y la sangre en las botellas de vodka, la del humo en los pulmones y el oxígeno en un paquete de Lucky, la que siente con la cabeza y piensa con el corazón. La misma hija de puta que igual te deja en una cuneta o igual te ama a rabiar. La que nunca supo querer, la de los manuales sobre qué es el amor, la que cada día se enamora. Soy la típica que llega tarde a coger el avión hacia su interior y se ha de esperar al siguiente y por tanto pagar más. Soy la pluma que se hunde, el mar que ahoga, el sol helado. Soy un mechero sin gas ni piedra, el mismo que siempre se pierde y nunca se busca. Esa manta de invierno que no abriga, el agua que no moja, la luna que no brilla. Soy la pareja del pendiente perdido, o quizá el perdido, no lo sé. Soy ese jersey que nunca te pones porque nada pega con él.
Y tú. Tú sólo eres el final de algo que nunca llegó a empezar.
Poema a mis entrañas
Mi estrategia es mirarte
aprender como eres
quererte como eres.
Mi táctica es hablarte
y escucharte
construir con palabras un
puente indestructible.
Mi táctica es quedarme en tu recuerdo.
No se cómo, ni se con que pretexto
pero quedarme en ti.
Mi táctica es ser franca
y saber que eres franco
y que no nos vendemos simulacros
para qué entre los dos no haya telones
ni abismos.
Mi estrategia en cambio
es más profunda y más simple
mi estrategia es que un día cualquiera
no se cómo ni se con que pretexto
por fin me necesites.
aprender como eres
quererte como eres.
y escucharte
construir con palabras un
puente indestructible.
Mi táctica es quedarme en tu recuerdo.
No se cómo, ni se con que pretexto
pero quedarme en ti.
y saber que eres franco
y que no nos vendemos simulacros
para qué entre los dos no haya telones
ni abismos.
es más profunda y más simple
mi estrategia es que un día cualquiera
no se cómo ni se con que pretexto
por fin me necesites.
+ Dime como te sientes al menos.
- ¿Puedo usar metáforas?
+ Claro, las que quieras.
- Soy una brújula rota que hace perder el rumbo a todos los que la siguen, un camino que va directo a un acantilado, esa muñeca de porcelana al alcance de un niño que esta destinada a romperse. Soy el faro que siempre está fundido, y lo peor es que los barcos dependen de mí. Soy ese “no lo intento por si sale mal”, el juego que empiezas sabiendo que vas a perder, una canción sin melodía. Una obra de arte anónima o que nunca se llegó a acabar. Soy el teorema que nadie quiere averiguar, esa parte del temario que nadie estudia porque está claro que no sale en el examen. Una coma al final de frase, un punto y a parte que siempre tiene algo más que decir. Una flor sin olor, el viento que te hiela sin soplar, la lluvia que no empapa. Soy un reloj sin agujas que hace perder el tiempo, ese beso que se queda en los labios, soy alguien que perdió el nombre y decidió ser anónimo. Soy el telón bajado de una pieza teatral, por tanto el público quiere que desaparezca lo antes posible. Soy el color negro del arcoiris.
+ ¿Por qué te sientes así? ¿No estás feliz nunca?
- Felicidad y tristeza van de la mano. No sé reír sin pensar en cuando lloro y no se llorar riendo. Pero sé sonreír cuando cuando me estoy rompiendo por dentro y puedo llorar cuando todo va bien.
+ Eres un poco contradictoria.
- No. Soy sólo metáforas.
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