miércoles, 23 de abril de 2014

Eres mi puta piedra

Ojalá pudiera decirte que te quiero en silencio y lo entendieras. Mis ojos están cansados de gritar sentimientos que nunca llegan a tus labios. Ojalá me hubieras regalado flores para poderlas haber deshojado al ritmo de me abandona hoy, se va mañana. No quiero pasear de la mano contigo pero encuentro que es una buena manera de decirle a todo el mundo que te amaré siempre, para que todos lo entiendan antes que tú.
No quiero tus buenas noches, ni tus buenos días, nada. Quiero no asustarte cuando ya no pueda más, porque estoy al borde del precipicio agarrada a una cuerda que lleva tu nombre por piedra atada y que dentro de poco empezará a descender. No te asustes cuando veas hundiéndome. Tú me hiciste desaparecer, pero la roca la tiré yo. Yo decidí que estuvieras en mi funeral, yo decidí morir por ti ya que no querías verme a tu lado. No estar a tu lado significa no vivir.

jueves, 3 de abril de 2014

Esperanza

Tendría que sacrificar parte de mi vida si tuviera que escoger sólo un rasgo tuyo. Porque cada poro de tu piel me aporta magia, y jamás podré renunciar a eso. Ni al amor que me das cuando respiramos el mismo aire, ni el olor de tu pelo cuando nos fundimos en un abrazo. Nunca he sabido qué es la amistad pero ojalá se parezca a lo que tú y yo tenemos. Supongo que todos dependemos de unos ojos para seguir adelante, para poder verte reflejado dentro y ver que tienes aún mucho camino por andar. Gracias por dejarme tus pies para caminar cuando yo no he podido más, y por irme apartando piedras para no tropezar. Yo sería lo que tú me pidieras. Pasaría por una cuerda a quinientos metros de altura a la pata coja sólo por verte sonreír. O me iría a la misma guerra para luchar por ti. O cerraría los ojos eternamente, cogería tu mano y te seguiría allá donde me llevaras. Porque jamás podré dudar de ti y siempre serás mi eterna ciega fe. Ojalá pudiera llorar yo todas tus lágrimas para que nada te hiciera daño y ojalá pueda curarte todas las heridas. Porque tú eres la aguja que mejor cose las mías. Contigo no hay cicatrices. Eres la esperanza de mi vida. Y veré mi futuro contigo igual que he visto mi pasado. Y cantaremos hasta dejarnos la voz porque no necesito chillar si tengo tus susurros. Eres la esperanza a todo lo desencaminado y la esperanza a las pesadillas, porque ojalá todos los amaneceres empezaran contigo. Estoy enamorada de ti. De tu manera de querer y de entenderme, de soñar por las dos, de hablar, de pensar y de vivir. Porque qué aburrida sería la vida sin ti, amor. Qué vacía y desesperada parecería buscando a mi alma gemela. Gracias por aparecer y ahorrarme la búsqueda. No te voy a soltar nunca.


Nadia es el diminutivo de Nadyezhda, que significa esperanza.

Caen como lágrimas la lluvia sobre mí

La lluvia me hace pensar en ti. El sonido de las gotas de agua cayendo sobre el paraguas me recuerdan al ruido que hicieron nuestros corazones al romperse. Nunca supimos reconstruirnos, igual que tampoco pudimos hacer ver que nada pasaba. Sólo nos quedó fingir sobre ese efímero amor que tanto prometimos mantener con el paso de los años. Pero lo único que supimos guardar fueron las sonrisas rotas, nuestras manos distanciadas y los besos de despedida. Me acostumbré a decirte adiós porque te amaba demasiado para mantenerte infeliz a mi lado. Y me sabía a rutina gritarnos en silencio y mirarnos entre dientes. Supongo que fallamos en tantas cosas que ya no recordamos las que hicimos bien. A veces siento tus yemas en mi cuello y tu brazo rodeándome el pecho mientras, igual por falta de otros labios, te oigo susurrar que acariciar mi cuerpo desnudo es como conocer qué es el cielo. Y me dejaste caer desde lo más alto pero nunca llegué a tocar el suelo, igual porque sigo flotando cuando te veo caminar hacia mí. La de veces que nuestras miradas se cruzaron y se encontraron con ojos que creían no conocer. Hemos cambiado nuestro alma, por eso ya no nos somos familiares. A veces creo no saber quién eres pero no me sorprende porque ni yo misma sé quién soy. Eras parte de mi identidad, la mitad de mi huella dactilar, la mitad de mis vivencias. Cuando te fuiste lloré más por lo que me estabas robando que no por el hecho de marcharte. Ojalá mis piernas hubiesen reaccionado cuando te vi desaparecer, pero sólo pude inundarme por dentro, como la lluvia que hoy paraliza las calles. Me ahogué por dentro. Ya no tenía ni tu respiración ni la mía porque te llevaste todo el oxígeno de mi alrededor. Y la luna dejó de brillar, y las olas de humedecer la arena, y mi corazón de latir, y mis manos de temblar. Aún a veces siento todo lo que sentí en ese momento y me pregunto si estarás pensando en mí, o si estarás sonriendo a otra sonrisa. O si tus labios estarán en otro abdomen. O si soñarás mis sueños en otros inconscientes. Nunca tendrás respuestas suficientes a todas mis inquietudes. ¿Cómo las vas a tener si ni sabías reaccionar delante de un te quiero?

miércoles, 2 de abril de 2014

Años esperando trenes

Nunca supe quedarme, ni hacer poesías de esas que no duelen. Nunca supe hacer que algo durase para siempre, ni siquiera lo suficiente. Soy como ese otoño que lo seca todo, y que empieza a hacer frío. Ese final con mirada triste. La salida de emergencia que no lleva a ninguna parte. Y tan lejos, a estas alturas, miro hacia atrás y es como mirar hacia abajo. Nadie me salva del vértigo que me entra cuando me veo, porque yo soy otro precipicio más. Otro de esos barrancos donde no se puede edificar por factores que ahora no explicaré. Y me falta una mano en mi mano, y unos labios en mi boca, alguna pieza en el puzzle, porque sino nada de esto tiene sentido. Sino me quedaré a fumar un poco más, hasta que se haga de noche y me entre el sueño, y sueñe con que un día no tenga que soñarlo todo. Un día en el que tú no seas sólo tú, sino también un nombre. Querría acabar algún año diciendo que ese fue el mejor de mi vida, y no terminar el año creyendo haber muerto más que nunca. Porque sí, porque también se puede saber morir mejor que decir “te quiero”. Porque también se puede ser menos y silencio más. Búsqueda avanzada sin resultados. Experta en no cambiar las cosas, o en cambiar yo pero sin que sirva de nada. Podría correr, volver o quedarme. Podría llegar o irme, llorar o romper ventanas. Contarte el insomnio, recitarte la angustia. Podría, pero dejémoslo en que se me ha dormido la esperanza. Y duele, veréis. No podría caminar sin tener la sensación de que me estoy dejando atrás, porque no sé cuándo pero me quedé por el camino. Y voy con los ojos cerrados, como en mitad de un beso que no se da porque la distancia que me separa de mí no se termina. The times they are a-changing, y ojalá alguien recuerde que nosotros estamos esperando un tren.


the blower's daughter

La mejor manera de esconder tu corazón roto es hacer creer a todo el mundo que no tienes corazón. Y si te hieren, coger una aguja y empezar a coser sin anestesia, para que duela más. Porque en el fondo nos encanta el dolor. No quiero encontrar a alguien que me haga feliz, sólo quiero a alguien que encuentre interesantes mis cicatrices, aquellas que a la mínima se abren y han de volver a empezar todo el proceso. Alguien que no entienda mis lágrimas cada noche pero aún así tenga fuerzas para secármelas día sí día también. Alguien que acepte que siempre tengo frío y que siempre necesito abrazos. Alguien que salude con un beso a mis miedos, que sonría a mis escalofríos, alguien que comprenda que no puedo estar más de una hora sonriendo sin sentirme gilipollas luego por engañar a quien me rodea. Alguien que pueda entender que la música va por delante de él, va por delante de todo. Alguien a quien no le importe ver como me voy apagando poco a poco pero que siga intentando encenderme. Quiero a alguien a quien poder cantar and so it is, just like you said it should be y me responda con un we’ll both forget the breeze most of the time. 

Que no me hagan sonreír, pero por favor, que alguien me ayude a reconstruirme. 

Eres el error más bonito que jamás he cometido. 
La causa que he encontrado más perdida. 
La consecuencia más provocada.
La mentira mejor creída.
Eres el viaje mejor improvisado.
La sonrisa más triste.
Las lágrimas más felices.
La historia mejor no contada.
Eres el momento menos oportuno.
El final del mejor principio.
El acantilado con menos precipicio.
El futuro más querido carente de sentido.
Eres el tú mejor pronunciado.
Somos el nosotros menos esperado.
Y yo soy la idiota que lo ha estropeado.

Dark white

Sabes que algo va mal cuando la mejor compañía es un cigarro, cuando los únicos besos que recibes son lágrimas, cuando sólo te entiende una canción. Me gustaría andar media vida con mi propia banda sonora. Y llorar. Que el ritmo de la tristeza lo marquen mis pasos. Estar llorando la mitad de mis días y no volver a hacerlo más. Porque sí, llorar va bien, pero cuando es necesario. Nadie se acuerda de las flores cuando hace frío. Y a veces creo que igual que nadie se acuerda de ellas, nadie se acuerda de mí. La estabilidad que muchos me prometieron se cayó al suelo junto con la balanza que equilibraba mi felicidad y mi pena. Mis ojos son túneles que llevan a la amargura, mi sonrisa no recuerda a qué sabe el viento, hace tanto tiempo que no se ven. Y todo es negro. Incluso la melena rubia de anónimo, incluso el arcoiris, incluso el color de mis labios. Negro como el café que no se llegó nunca a cortar, negro como el vodka que me cura las heridas, negro como el discurso de ánimo que muchos me intentaron dar. Negro como las canciones alegres, negro como la profundidad del mar azul, negro como un cielo que llora. Negro como mi destino, como mis miedos, como mi claridad. 

Déjalo, déjame

Me duele saber que cada día piensas en mí y que yo a veces me olvido de tu nombre, que siempre estás ahí y yo no estoy de tu lado, porque siempre he sido lo contrario a ti. Ya no me acuerdo de lo cansado que se me hacía subir tu litera, o lo que odiabas que te cogiera el mechero sin preguntarte. No tengo ni idea del nombre de tu calle, ni del número, supongo que era algo tan mecánico. No me acuerdo de lo nerviosa que me ponías cuando me tocabas el pelo. Recuerdo romperme un dedo en tu habitación. Pero sigo sin recordar tu comida favorita, tu color favorito. Por olvidar he olvidado hasta los meses que pasamos juntos, pero nunca borraré de mi mente nuestro día. Me he olvidado de todos los regalos que me hiciste, de los viajes que planificamos. Me he olvidado de Ibiza. Me olvidado de lo mal que cantabas, pero me acuerdo que me encantaba que lo hicieras. Me he olvidado que el inglés se te daba fatal, que odiabas madrugar pero que también levantarte tarde, he olvidado que mezclabas todo con marihuanna y redbull. He olvidado como mi lengua jugaba con tu pendiente, y como tus manos me apretaban hacia tu cuerpo cuando me decías que nunca me dejarías ir. Recuerdo que me dejaste ir. Sin embargo, no tengo ni idea de las veces que me esperabas delante de mi casa para darme una sorpresa, las veces que lo seguiste haciendo cuando ya no éramos, porque te seguía viendo (y sonriendo). Se me olvidó el miedo que me daba ir contigo en moto porque conducías fatal. Me olvidé de todo lo que hacías bien y sólo recuerdo lo que te salía a medias. Jamás recordaré tu emoción al darte todas esas cosas que ahora son parte de la historia. No recordaré tus ojos de gato, ni lo que te enervaba que llamara bebé. Olvidé tus celos y tu posesión, lo que nos hizo fallar. 
O quizá no. Quizá quiera 

No sé si te quiero, pero sé que tu sonrisa me sirve para responder a casi cualquier pregunta. Y que las estaciones, el frío y el calor, e incluso que el sol brille o no sólo depende de si estás cerca. No creo que nadie lo entienda porque cuando hablo de ti digo más callándome. Porque cómo hablar de sensaciones que están escritas en otro idioma, en dos cuerpos, en mis manos tocándote, en mis ojos que se llenan cuando te miro. Les digo “ella lo es todo”, pero no saben lo horrible que es esa nada que llenas. Tengo que dejarme llevar, porque no creo que el amor sea un camino, sino un paisaje, y que quererte son las vistas. El viento soplando: tu boca contra la mía; y algún huracán de fondo: la pasión con la que te acerco a mí. Y cuando lloras: llueve, y yo bailo bajo la lluvia como diciéndote “aquí estoy, he venido a salvarte”. He venido para que dejes de buscar, ya me has encontrado. Abrázame, no creo que haya otra forma más bonita de saber que estamos juntos. Cuando cierras los ojos es como si abrieses el corazón, quizá por eso los besos.

Dijimos para siempre y ahora te digo hasta nunca

Hoy he pasado por delante de tu casa y no he sonreído, no me he detenido a mirar si estabas asomado a la ventana o si conseguía escucharte tocando la guitarra. No te he llamado para ver qué hacías o para decirte si me dejabas invitarte a un cigarro. Nos hemos consumido, como el pitillo que me he fumado sola, y hemos volado, como la ceniza que caía y era arrastrada por el viento. Juntos llegamos muy arriba, yo creía tocar las nubes contigo y me encantaba presumir de ti, de tu fuerza y tus ganas de salir adelante. Aún siento cuando estás mal sin que me lo digas, pero mis pies ya no andan más por ti, ya no puedo saber de ti. No recuerdo el color de tus ojos, ni como me sonreían, ni como olía tu pelo, ni tu grupo favorito. No quiero escuchar tu música, ya no me transmite nada. Ya no somos nada. Pasaste de ser la orilla de mi océano a la corriente marina que me hunde para abajo. ¿Dónde has estado cuando te he necesitado? ¿Y dónde he estado yo cuando me has necesitado tú? ¿Me has necesitado? Espero que sigas leyendo todo aquello que te escribí en su día, espero que recuerdes los te quieros, las caricias, los besos que nunca nos dimos. Recuérdame tú a mí porque yo no puedo. Tenía tu nombre tatuado en el alma y ha perdido toda la tinta. Tu recuerdo es una puta aguja que me martiriza. Déjame mirarte por última vez y memorizar cada poro de tu piel, tus pestañas, cada pelo de tu barba, cada mueca de tus labios. Déjame necesitarte, déjame soñar contigo. Déjame quererte, bailar encima de ti, déjame abrazarte. Déjame, antiguo amigo, reconocer tu andar cuando no puedo ver nada. Déjame cantar Snow. Déjame sentir algo. 

Finales de principios inexistentes

Ed Sheeran de fondo. Como banda sonora de mi vida, más bien. A veces me gustaría saber que piensa la gente al escribir canciones tristes. Me gustaría saber si la gente piensa. A veces siento que yo pienso por todos. Que sufro por todos. Que lloro por todos. Que sólo me ilusiono por mí misma. Las ilusiones son unas putas. Que fácil es crearlas y lo que cuesta que se destruyan. Mi problema es que vivo lo que me invento, y adoro inventar. Me encanta vivir de te quieros fugaces que nunca llegaron y a veces, lloro de felicidad por haber encontrado a una persona a la cual no conozco (¿aún?). Me gusta ver la vida que quisiera tener por si me quedo ciega, por si mis miedos me arrancan los ojos. Tengo vértigo de soledad. Me da pánico mirarla a la cara. Me aterra la posibilidad de vivir con ella pero la tengo calada en los huesos. El frío no me corta la piel porque para los bloques de hielo no existe el frío. Tampoco nadie me toca para deshacerme. Ni el fuego interno de mis esperanzas sabe deshelar mi coraza. Mi mirada es la rigidez hecha lágrimas. Mis sueños son las páginas de un libro que nunca quise releer porque la primera vez me dolió. Se me han caído las alas, esos ángeles que tienes por risas me las han arrancado porque no me quieren volando cerca suyo. Pero tampoco sé volar. Soy la del alcohol en las venas y la sangre en las botellas de vodka, la del humo en los pulmones y el oxígeno en un paquete de Lucky, la que siente con la cabeza y piensa con el corazón. La misma hija de puta que igual te deja en una cuneta o igual te ama a rabiar. La que nunca supo querer, la de los manuales sobre qué es el amor, la que cada día se enamora. Soy la típica que llega tarde a coger el avión hacia su interior y se ha de esperar al siguiente y por tanto pagar más. Soy la pluma que se hunde, el mar que ahoga, el sol helado. Soy un mechero sin gas ni piedra, el mismo que siempre se pierde y nunca se busca. Esa manta de invierno que no abriga, el agua que no moja, la luna que no brilla. Soy la pareja del pendiente perdido, o quizá el perdido, no lo sé. Soy ese jersey que nunca te pones porque nada pega con él.
Y tú. Tú sólo eres el final de algo que nunca llegó a empezar.

Poema a mis entrañas

Mi estrategia es mirarte
aprender como eres
quererte como eres.
Mi táctica es hablarte
y escucharte
construir con palabras un
puente indestructible.
Mi táctica es quedarme en tu recuerdo.
No se cómo, ni se con que pretexto
pero quedarme en ti.
Mi táctica es ser franca
y saber que eres franco
y que no nos vendemos simulacros
para qué entre los dos no haya telones
ni abismos.
Mi estrategia en cambio
es más profunda y más simple
mi estrategia es que un día cualquiera
no se cómo ni se con que pretexto
por fin me necesites.

+ Dime como te sientes al menos.
- ¿Puedo usar metáforas?
+ Claro, las que quieras.
- Soy una brújula rota que hace perder el rumbo a todos los que la siguen, un camino que va directo a un acantilado, esa muñeca de porcelana al alcance de un niño que esta destinada a romperse. Soy el faro que siempre está fundido, y lo peor es que los barcos dependen de mí. Soy ese “no lo intento por si sale mal”, el juego que empiezas sabiendo que vas a perder, una canción sin melodía. Una obra de arte anónima o que nunca se llegó a acabar. Soy el teorema que nadie quiere averiguar, esa parte del temario que nadie estudia porque está claro que no sale en el examen. Una coma al final de frase, un punto y a parte que siempre tiene algo más que decir. Una flor sin olor, el viento que te hiela sin soplar, la lluvia que no empapa. Soy un reloj sin agujas que hace perder el tiempo, ese beso que se queda en los labios, soy alguien que perdió el nombre y decidió ser anónimo. Soy el telón bajado de una pieza teatral, por tanto el público quiere que desaparezca lo antes posible. Soy el color negro del arcoiris.
+ ¿Por qué te sientes así? ¿No estás feliz nunca?
- Felicidad y tristeza van de la mano. No sé reír sin pensar en cuando lloro y no se llorar riendo. Pero sé sonreír cuando cuando me estoy rompiendo por dentro y puedo llorar cuando todo va bien.
+ Eres un poco contradictoria.
- No. Soy sólo metáforas.

El dolor de un día de invierno en primavera

Sólo tú supiste coserme las heridas y deshacerme el hielo de los párpados, esos miedos en forma de escarcha que no me dejaban mirar más allá de las frustraciones. Sólo tú cerraste el paso a aquello que me hacía tener pesadillas y abriste un mundo de oportunidades. Tuviste mi alma en tus manos tantas veces y la rompiste todas. Nunca había visto un alma tan rota. Parece que las veces que la destrozabas con las manos la tirabas al suelo después, y la pisabas con rabia. La misma rabia contenida en tus ojos cuando veías que tus mentiras empezaban a formar parte de nosotros. Éramos el triangulo amoroso perfecto. Tú me mentías, yo te creía y luego hacíamos el amor. No sé dónde se han quedado tus labios con sabor a nicotina que besaban cada poro de mi piel. Ni tu lengua alquitranada. Por no hablar de las promesas que juramos no romper jamás. Creo que cada vez que entre sudor nos decíamos que nos amaríamos eternamente estábamos más cerca del final. Tuvimos tantos finales que no sé cual contar cuando me preguntan qué es lo que borraría de mi vida. Te borraría a ti, pero me quedaría con todo lo que me has aportado, los recuerdos, las sonrisas y las lágrimas rencorosas que brotaban de nuestros ojos cuando las intentábamos disimular con insultos, susurrándonos que en mi puta vida te he querido.Borraría tus gemidos para volverlos a escuchar, y esa mueca cuando me tenía que librar de tus sábanas. Me juré que no volvería a sufrir por amor. En verdad lo he respetado bastante, me respeto bastante. En estos últimos años sólo he sufrido por ti, y esto no se puede considerar amor.
Adiós cariño, que seas feliz. Ojalá te perdonen todo lo que yo no supe perdonarte y que nunca te martiricen como yo hice. Ojalá alguien te cure las heridas que mis actos te provocaron y que alguien me cure a mí las yagas que brotaron al decirme adiós. Ojalá alguien sepa darte todo lo que yo te di sin pedirte a cambio que tú hicieras lo mismo. Pero que sepas que cuando nos cruzamos por la calle y los dos bajamos la mirada no conseguimos no recordar. Siempre nos unirá algo. Aunque sea un hilo de esperanza de poder hacer nuestra vida sin estar pendiente del otro. Adiós amor, adiós vida.